Prejuicio Entre Hispanos

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Quiero compartir esta experiencia, que aunque aun me duela recordarlo; podría crear consciencia en aquellos compatriotas que han dejado Puerto Rico o planifican dejarlo en un futuro cercano.

 Ayer me encontré con una amiga puertorriqueña; ambas nos conocimos hace más de 1 año mientras estudiábamos el curso de Región IV para venir a Texas como maestras.  Fue un alivio ir a un kiosko a comer comida criolla; yo tenía tremendo “bajón” de comer pernil, guineítos al escabeche…en fin, comida con ese sazón Boricua que no es tan común aquí en Texas.

Cuando nos sentamos a conversar; ella me contó entre tantas experiencias como había sido hostigada por una compañera de trabajo también hispana pero no de origen puertorriqueño.  A lo cual, yo también le compartí la experiencia tan humillante que viví mientras trabajé cerca de dos meses en Dallas County.  Es ésa experiencia; la que voy a compartir con ustedes a continuación…

 Aunque tengo maestría en Educación, acepté una posición como oficinista para una corte en Dallas County.  Mis entrevistadoras fueron: la oficinista principal (afroamericana) y la jueza (chicana).  Por alguna razón fuí escogida para la posición; lo cual me alegró mucho en aquél momento pues era para una posición permanente con beneficios.  Pero mi regocijo duró bien poco tiempo.

 Debo hacer notar, para el que desconozca: hay una diferencia entre los chicanos y los mejicanos.  Chicanos o TexMex son los que nacen en E.U. o se han criado en E.U.; pueden ser bilingues pero hay muchos que no saben nada de español.  Mejicanos son los que generalmente no saben inglés y muchos son indocumentados,  pero no todos.

 Esa corte de Dallas County en su mayoría, tiene empleadas chicanas o TexMex, solo habían dos empleadas blancas y una afroamericana.  Las empleadas eran mujeres jóvenes; excepto las blancas que eran un poco mayores.  Nunca tuve problemas con las empleadas blancas; ellas me trataron muy bien.  Pero las hispanas….eso fue otra historia.

 Desde que empezé a trabajar, noté que el trato hacia mi persona era diferente de parte de las jóvenes chicanas.  Siempre me faltaban el respeto, sólo estaban pendientes a que yo cometiera errores para criticarme severamente y hacer comentarios despectivos hacia mi persona.

 Una compañera de inicial “S.” (es que no quiero decir sus nombres) es una joven que no llega a los 30 años de edad. Se podría decir que yo podría ser su madre en lo que a edad se refiere, pues yo tengo 48 años.  Esta joven “S.” fue una de las que peor me trataba.  Ella no era mi supervisora; sin embargo, me trataba como si lo fuera: siempre regañándome, humillándome e insultándome en frente de los clientes y demás compañeras de trabajo.

 Pensé que quedándome callada ante los comentarios tan despectivos, tratándolas bien aunque me trataran mal y dando lo máximo para hacer bien mi trabajo, lograría que me aceptaran, pero nunca fué así.  Tanto estuvieron confabulándose hasta que lograron mi despido pues estando yo en mis seis meses de probatoria, sólo me dejaron completar cerca de dos meses.

 En mis 30 años de experiencia laboral en Puerto Rico; yo nunca había vivido una experiencia tan desagradable en un ambiente de trabajo.  Como profesional y como cristiana, estoy consciente que debo ser respetuosa hacia mis compañeros de trabajo.

 No puedo decir que tuve una victoria en contra de ellas.  Ellas ganaron, obtuvieron lo que quisieron: sacarme de allí.  Para mi defensa, puedo decir que salí con mi frente en alto:  aprendí a hacer mi trabajo, fui respetuosa con los clientes y hasta con ellas mismas y mantuve un ambiente de paz entre tanta guerra.  Mi victoria ha sido encontrar un trabajo de maestra en Jacksonville, TX.  Mi salario actualmente es mucho más alto que el que hacía en Dallas County.  Tengo compañeros de trabajo buenísimos y estoy haciendo lo que me gusta.  Estoy usando mi creatividad para dar el pan de la enseñanza a… sí, estudiantes chicanos.  Mi profesionalismo y experiencia lo llevo a donde quiera que estoy, eso nadie me lo va a quitar. Mientras tanto, sobre esas jóvenes  y la recompensa que les llegará….se encargará Dios.

 De esta mala experiencia, aprendí cuán real y cuán cruel puede ser el prejuicio entre los mismos hispanos.  Tengo que admitir que he conocido gente muy buena de diferentes razas: afroamericanas, hispanas, blancas y asiáticos.  No puedo prejuiciarme con todos los chicanos solo por haber tenido esta experiencia negativa con este ejemplar tan pequeño de esta población.  Y no voy a prejuiciarme con todos por los actos de unos pocos.  

Seguiré tratando bien a mi prójimo y seguiré esperando lo mejor de la gente, no importando su raza, religión, género, edad o preferencia sexual.  Pertenezco a una generación que aún respeta al ser humano porque he sido enseñada que todos pertenecemos a una sola raza: la humana.

 Espero que esta experiencia pueda ayudar a alguien a no desanimarse y seguir luchando por sus sueños en lograr la estabilidad que estamos buscando.  No dejen de confiar en Dios; El ha sido mi calma y sustento en medio de cada tormenta.  Mejores días siguen llegando.  Exito!

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